6 mitos sobre transgénicos

6 mitos sobre transgénicos
6 mitos sobre transgénicos

Se ha demostrado a través de serios estudios e investigaciones que los trangénicos traen beneficios para el medioambiente, la economía y los agricultores. De igual forma, la seguridad de los cultivos biotecnológicos ha sido ampliamente respaldada por autoridades de salud, científicos expertos e instituciones gubernamentales. Sin embargo y a pesar de este contexto, existen todavía algunos mitos al respecto. Conozca los 6 mitos más comunes.

Mito 1: los transgénicos son dañinos

Según el informe de National Academies of Science, Engineering and Medicine, los alimentos genéticamente modificados no representen un riesgo para la salud humana. Los OGM se encuentran entre los alimentos que pasan mayor evaluación en el mercado, se necesitan 13 años y $ 136 millones de dólares antes de que se apruebe cada semilla genéticamente modificada. Es por esto que en la actualidad solo 10 cultivos están aprobados para ingeniería genética.

Los productos genéticamente modificados pasan por una rigurosa y extensa evaluación antes de estar en el mercado, esto quiere decir que los alimentos transgénicos que encontramos en las tiendas son tan seguros como los alimentos convencionales. Las autoridades mantienen continuamente evaluaciones estrictas respecto al tema. Por ejemplo, en Estados Unidos, existen tres organismos certificadores: la EPA, que evalúa las plantas modificadas genéticamente para la seguridad ambiental, el USDA, que determina si la planta es segura para cultivar y la FDA, que evalúa si la planta es segura para comer.

Mito 2: los transgénicos están en todas partes

Son pocos y distantes entre sí. Solo 10 cultivos están actualmente aprobados para ingeniería genética: alfalfa, canola, papaya rainbow, soja, remolacha azucarera, maíz, algodón, calabaza, papa y manzana.

Mito 3: los cultivos genéticos son una nueva tecnología

Los agricultores han cambiado intencionalmente la composición genética de las plantas durante más de 10 mil años. Cada fruta, verdura y grano que está disponible comercialmente hoy en día ha sido alterado por el hombre. Los cultivos genéticamente modificados comenzaron hace ya varios siglos, cuando los agricultores cruzaban plantas para producir cultivos para mejorar su gusto, el nivel nutricional o para hacerlos más resistentes a las enfermedades. Luego, en la década de 1.920, los agricultores recurrieron a los productos químicos y la radiación para cambiar la semilla y producir la planta que deseaban. Con la llegada de los cultivos genéticamente modificados , los científicos comenzaron a seleccionar y modificar solo uno o tres genes necesarios para implantar en una planta con los rasgos deseados. El resultado final, maíz resistente a ciertos insectos, papaya resistente a las enfermedades y soja que puede sobrevivir a una sequía.

Mito 4: los alimentos transgénicos contienen menos nutrientes

Los cultivos genéticamente modificados se han centrado principalmente en reducir la necesidad de insecticidas y herbicidas, y en efecto, han contribuido al nivel nutricional de sus alimentos. De hecho, los estudios muestran que los alimentos genéticamente modificados son nutricionalmente iguales a los convencionales. Existen algunos cultivos que han sido diseñados para dar mayor nivel nutricional, por ejemplo, la soja que contiene alto contenido de ácido oleico que aporta numerosos beneficios para la salud.

Mito 5: consumir alimentos transgénicos puede cambiar el ADN

Falso, no tiene ningún efecto sobre nuestro propio ADN. Cada alimento que comemos, sea OGM o no, contiene proteínas y ADN. Al comer las enzimas de nuestro cuerpo separan el ADN de nuestro intestino y en consecuencia, dejan su funcionalidad. De hecho, cuando un cultivo se procesa hasta su nivel de azúcar (remolacha azucarera, maíz) o aceite (maíz, soja, canola, algodón), al final del proceso no queda proteína, sin embargo, no significa que quede sin ADN.

Mito 6: los transgénicos son malos para el medio ambiente

Por el contrario, los cultivos genéticamente modificados protegen el medio ambiente. Por ejemplo, cuando los cultivos están diseñados genéticamente para ser resistentes a las plagas, los agricultores no tienen que usar tantos insecticidas. Los cultivos tolerantes a herbicidas reducen la necesidad de labranza, manteniendo el carbono en el suelo. En 2014, los cultivos transgénicos redujeron las emisiones de CO2 en 27 mil millones de kilogramos, que es equivalente a sacar 12 millones de automóviles de las carreteras por un año. De manera similar, los cultivos que están diseñados para tolerar los problemas ambientales como la sequía requieren menos labranza y deforestación.

Autoría exclusive de www.detroitnews.com

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