Cómo los OGM nos ayudan a reducir el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental

Cómo los OGM nos ayudan a reducir el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental
Cómo los OGM nos ayudan a reducir el desperdicio de alimentos y su impacto ambiental

Producir suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de una población mundial creciente, teniendo en cuenta que debemos disminuir nuestro impacto sobre el medio ambiente es, sin duda, uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Hacer uso de herramientas que ayuden a disminuir la pérdida y el desperdicio de alimentos, es y seguirá siendo una parte clave de la solución.

Hoy en día, producimos más que suficientes alimentos para alimentar a todos en el planeta; pero, casi 800 millones de personas en todo el mundo todavía sufren de hambre, ¿por qué?. Una de las razones, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), es que un tercio de los alimentos que se producen globalmente para consumo humano (alrededor de 131.000 millones de toneladas por año), se pierde o desperdicia por factores como tiempo de consumo, tiempo de transporte y asequibilidad a los alimentos.

El desperdicio de comida también tiene grandes implicaciones medioambientales, más allá del desperdicio de agua, energía, tierra y otros recursos que son necesarios para la producción de alimentos. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), estima que en este país la comida es uno de los principales elementos que se encuentran en las alcantarillas, donde se pudre y produce metano, un gas de efecto invernadero con 21 veces más potencial de calentamiento global que el dióxido de carbono. Para ponerlo en perspectiva, aproximadamente el 31% del suministro de alimentos de Estados Unidos (133.000 millones de libras) se desperdicia anualmente, lo que contribuye al 18% del total de emisiones de gas metano proveniente de las alcantarillas.

El alcance del problema es enorme, pero lo que muchas personas no saben, es que los cultivos transgénicos son una excelente opción para ayudar a reducir los desperdicios innecesarios de alimentos y ayudar a los agricultores a minimizar la pérdida de cosechas, mientras conservan los recursos naturales; pues, les permiten cultivar más alimentos usando menos tierra. Para comprender el papel que los cultivos genéticamente modificados (GM) pueden desempeñar para alcanzar la seguridad alimentaria y para una producción mundial sostenible, se debe examinar de cerca algunos de los principales responsables de la pérdida y desperdicio de alimentos. (Lea: Menos OGMs significa más gases de efecto invernadero)

El desperdicio de comida por su valor estético

Por desgracia, los estándares poco realistas de la belleza y la perfección cosmética que se ha extendido en muchos aspectos de nuestra cultura, también afecta la percepción que tenemos de los alimentos. Hemos llegado a esperar y aceptar sólo frutas y verduras de aspecto perfecto y, como resultado, enormes cantidades de productos frescos se desperdician cada año; según la FAO, casi la mitad de todas las frutas y hortalizas producidas mundialmente se desperdician. Los OGM han permitido a los agricultores trabajar con cultivos que son resistentes a algunos los problemas cosméticos, que causan que consumidores y comercializadores descarten billones de libras de alimentos saludables cada año.

Gracias a la biotecnología agrícola ahora tenemos manzanas genéticamente modificadas, aprobadas para consumo, que no se oxidan, el principal problema estético por el que las personas los desechan. (Lea: Manzana Fuji obtiene aprobación para consumo) También existen papas transgénicas que son menos propensas a oxidación, moretones y manchas negras, lo que significaría que menos partes de la papa va a terminar en las alcantarillas. (Lea: Papas GM son seguras, afirma el Departamento de Agricultura estadounidense)

Pérdida de cultivos disminuye con el correcto uso de la biotecnología agrícola

En Estados Unidos se estima que entre el 20% y el 25% de todos los cultivos se pierde debido a malezas, plagas, enfermedades de cultivos y otras causas poscosecha, en otros países desarrollados la pérdida alcanza el 40% y 50%. A 20 años de su liberación comercial, los cultivos genéticamente modificados (GM) les han permitido a los agricultores aumentar los rendimientos y a proteger sus cultivos de estos problemas, así como de condiciones meteorológicas extremas, como las sequías.

En países vías de desarrollo, donde los recursos para controlar eficazmente las malezas y las plagas suelen ser limitados, los cultivos GM se han consolidado como una excelente herramienta para que los agricultores puedan incrementar los rendimientos de sus cultivos. En su última publicación, la consultora de economía agrícola inglesa, PG Economics, mostró que gracias a la biotecnología agrícola, la producción mundial de soya aumentó en casi 175 millones de toneladas, el maíz en casi 355 millones, el algodón en 27 millones y la canola en un poco más de 10 millones. (Lea: Beneficios económicos de cultivos genéticamente modificados alcanzaron 150 mil millones de dólares)

En los últimos años, varios desastres climáticos en todo el mundo han dañado significativamente la producción y los rendimientos de cultivos. Un estudio de este año, publicado en la revista Nature, encontró que la sequía y el calor extremo, redujeron los rendimientos de los cultivos en un 10%, entre 1964 y 2007. Además, los investigadores encontraron un daño de aproximadamente 7%, debido a las recientes sequías en países desarrollados y un 11% en países en vías de desarrollo. Los cultivos transgénicos también ayudan a los agricultores a producir cultivos que son más resistentes a condiciones extremas del clima; hoy en día, a través de los avances en la biotecnología agrícola, cultivos transgénicos como el maíz tolerante a la sequía pueden ayudar a los agricultores a minimizar las pérdidas asociadas con eventos climáticos extremos. (Lea: De cara al cambio climático debemos reconocer los beneficios de los transgénicos)

 

Información de FORBES y PG Economics, 2015