Como se comunica la ciencia es más importante de lo que piensas

Como se comunica la ciencia es más importante de lo que piensas
Como se comunica la ciencia es más importante de lo que piensas

No puedo recordar una situación más emblemática de los retos del periodismo científico que el que me señaló mi médico durante una consulta hace unos cinco años. Sabiendo que trabajé en medios de comunicación científicos, él me mostró dos artículos que había recortado de dos diarios nacionales diferentes, ambos publicados el mismo día. Un titular del New York Times decía “Extra Vitamina D y Calcio no son necesarios, dice reporte.”; el otro, de Wall Street Journal decía: “Debemos triplicar la ingesta de vitamina D, prescriben”

Mientras que la ironía era evidente por sí misma y graciosa (más tarde las colgué en la pared, con las mismas fechas subrayadas, como un homenaje a lo absurdo), la yuxtaposición revela mucho acerca de las complejidades dentro del ecosistema de la ciencia, el periodismo científico y los mensajes que recibe el público “informado”.

Desalentadora es la tarea de un buen comunicador de la ciencia y las crecientes soluciones tecnológicas, preparadas para ayudar a la humanidad. Para explicar conceptos complejos a un público no experto, o no especializado, un periodista debe (además de muchas otras cosas) ser claro y conciso, ser capaz de mantener la atención de los lectores/espectadores, demostrar por qué vale la pena entender el tema y, por supuesto, ser lo más preciso posible.

El truco cuando hablamos de “precisión” está perfectamente claro en la contradicción de los titulares sobre la ingesta de vitamina D. Estas noticias son ejemplo que incluso los expertos pueden estar en desacuerdo sobre lo que constituye una prueba válida cuando se trata de nutrición y suplementos.

En este caso, los científicos que insisten en que el único estándar aceptable es el ensayo clínico aleatorizado, el cual compara una intervención contra un placebo, es más probable que encuentren que los niveles de vitamina D para la mayoría de las personas son los adecuados. Para otros investigadores quienes se basan en estudios epidemiológicos, los cuales compararon la salud de las personas que toman suplementos de vitamina D con aquellos que no lo hacen, encontraron un claro beneficio a niveles más altos de vitamina D. (Lea: ¿La vitamina C que tomamos es transgénica?)

Por supuesto, aunque los expertos generalmente están de acuerdo y hay un amplio consenso entre la comunidad científica sobre un tema, el público puede recibir mensajes confusos o poco claros. El “equilibrio” que se define en otros tipos de periodismo como darle igual peso a puntos de vista opuestos, puede significar hablar de dos animales totalmente diferentes en el mundo de la ciencia. Así como los críticos de una política o de una investigación deben tener voz, el peso científico de esa voz debe ser proporcional al número y a la credibilidad de los científicos que representa.

De hecho, las cuestiones más importantes de nuestro tiempo (sostenibilidad planetaria, salud humana, acceso equitativo a los recursos) requieren la ayuda de la ciencia para identificar los problemas y ofrecer soluciones innovadoras. El conocimiento público y la aceptación de los problemas, junto a sus soluciones, dependen en gran medida de qué tan bien se comunican. Hecho correctamente, el periodismo científico debería tener la feliz consecuencia de construir un consenso informado sobre las causas correctas, que ayuden a empujar a nuestra sociedad y planeta a ser un lugar más productivo, más saludable y sostenible. (Lea: De cara al cambio climático debemos reconocer los beneficios de los transgénicos)

Estamos encantados, como siempre, de hacer avanzar la conversación hacia la ciencia y la tecnología; pero, sin un camino claro hacia la comprensión de las complejidades de nuestro mundo y sus problemas, no estaremos en posición de evaluarlos adecuadamente o dar prioridad a los arreglos. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de ser contraparte de la retórica política y la desinformación, para iluminar y comprometer al público.

 

Por Jeremy Abbate, editor de Scientific American, para Forbes