Cultivos más productivos, innovación, desarrollo y paz

Cultivos más productivos, innovación, desarrollo y paz
Cultivos más productivos, innovación, desarrollo y paz

El día 10 de agosto, en la ciudad de Bogotá, se llevó a cabo el foro ‘Cultivos más productivos, innovación, desarrollo y paz’ organizado por la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola para la Región Andina (Agro-Bio), con motivo de la celebración de los 20 años de la primera comercialización de un cultivo genéticamente modificado en el mundo.

Este foro contó con la presencia de importantes panelistas, de las áreas de ciencia y agricultura en Colombia: Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República; Carlos Eduardo Géchem, Presidente de la Agencia de Desarrollo Rural; Juan Felipe Quintero Villa, Director de Desarrollo Rural Sostenible del Departamento Nacional de Planeación; Rafael Mejía, Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia; Cecilia López Montaño, exministra de Agricultura; Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional; Miguel Ayarza Moreno, Director de Investigación y Desarrollo de Corpoica; Joe Thome, Director del área de investigación en agrobiodiversidad del Centro Internacional de Agricultura Tropical; y Anderson Galvao, CEO de Céleres y consultor brasileño. Además, el panel contó con la participación de Sergio Valencia y Arnulfo Cupitra, agricultores de los departamentos de Meta y Tolima, quienes contaron su experiencia sembrando cultivos genéticamente modificados.

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Foto cortesía: Foros Semana

“El agro jugará un papel importante en el posconflicto porque tendrá que brindar condiciones para que los agricultores y quienes lleguen allí tengan un espacio seguro y próspero y con oportunidades de negocio”, dijo la directora ejecutiva de la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola para la Región Andina, María Andrea Uscátegui.

Los cultivos genéticamente modificados serán clave para el desarrollo del campo colombiano una vez el Gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) alcancen un acuerdo para terminar el conflicto; será urgente entender que la ciencia y la tecnología aplicada en el campo también contribuyen a la consolidación de la paz, coincidieron los expertos participantes en un foro.

Uscátegui afirmó que el desarrollo agrícola “no tendrá futuro si no se hace uso de las herramientas que la ciencia y la tecnología ofrecen para que los agricultores sean más competitivos, incrementen sus ingresos y puedan tener una mejor calidad de vida”.

_GTR0022En ese sentido, el codirector del Banco de la República, Carlos Gustavo Cano, resaltó la labor del agrónomo estadounidense Norman Borlaug, conocido como “el hombre que salvó mil millones de vidas”, y que en 1970 recibió el Premio Nobel de la Paz. Considerado el padre de la agricultura moderna y de la revolución verde, “le aportó conocimiento científico a la resolución de la paz” al introducir semillas híbridas en el campo de Pakistán e India, lo que incrementó la productividad y salvó de la hambruna a millones de personas, dijo Cano.

El auge de estos cultivos en Colombia llevó a que el año pasado se sembraran más de 15.000 hectáreas de algodón transgénico, que equivalen al 77 % del área total de esta planta, y más de 85.000 hectáreas de maíz genéticamente modificado, que representan el 24 %.

En 2020 Colombia puede estar en capacidad de hacer parte de los países con mayor área sembrada de cultivos genéticamente modificados en América, junto a Estados Unidos, Brasil, Argentina y Paraguay, según el brasileño Anderson Galvao, director ejecutivo de la consultora Céleres.

Sin embargo, uno de los principales retos que enfrenta el país para alcanzar el avance rural es implementar la tecnología necesaria para que la producción sea rentable. Sobre esto, Carlos Géchem, presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, Carlos Géchem, comentó que el país sigue “rezagado” porque aún falta adaptar la estructura estatal a la realidad económica y social del campesinado.

A esto, Cecilia López Montaño, exministra de agricultura, añadió que “el Gobierno tiene que desenredarse para transformar el campo” teniendo en cuenta que el primer acuerdo al que llegó con las FARC en La Habana es precisamente sobre el tema agrario que “toca directamente a 14 millones de colombianos que viven del campo”.

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“En la medida en la que a futuro se den las condiciones de seguridad y el mercado esté estable, Colombia aumentará la cantidad de esta clase de sembradíos porque tiene tierra, clima y gente preparada para hacerlo”, explicó Galvao.

Según la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola para la Región Andina, Colombia tenía 101.118 hectáreas de cultivos transgénicos en 2015, entre variedades de algodón e híbridos de maíz con resistencia a algunos insectos y tolerancia a varios herbicidas.

Los agricultores que optaron por estas variedades “recibieron 162 millones de dólares en ganancias entre 2003 y 2015, con un retorno por cada dólar invertido en semillas transgénicas de 1,90 dólares para algodón y 3,90 dólares para maíz”, precisó Galvao. Además, presentó un estudio que muestra que “entre 2003 y 2015 los agricultores colombianos recibieron 162 millones de dólares en ganancias con los cultivos agrícolas modificados”.

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Tal es el caso de Sergio Valencia, quien en 2009 se convirtió en el primero en utilizar la biotecnología en maíz en el departamento del Meta (oriente), uno de los departamentos con mayor riqueza agrícola de Colombia.

“De las 60 hectáreas iniciales pasé a las 500 hectáreas que tengo actualmente con beneficios como no necesitar de tanta maquinaria ni insumos porque la semilla viene protegida contra ciertas plagas y malezas”, aseguró.

Sin embargo, Valencia es consciente de que para que Colombia se convierta en una potencia en materia de cultivos transgénicos en América se requiere un cambio de mentalidad.

“El agricultor colombiano ve insectos y corre a fumigar. Lo primero que se necesita es cambiar el chip en las prácticas agrícolas para alcanzar el desarrollo rural sostenible”, aclaró.

En lo mismo coincidió Arnulfo Cuprita, quien cultiva algodón genéticamente modificado en Natagaima, una población ubicada en el departamento del Tolima (centro) y para quien “la tecnología ayudó a que el campo reviviera porque aumentó la cosecha y la calidad del producto. Gracias a Dios y a la virgen que llegó la ciencia”.